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miércoles, 1 de abril de 2020

¡No temas!


"¡No tengas miedo!. Yo estoy contigo" (Is 41,10)
En estos días necesitamos oír estas palabras como bálsamo en nuestro corazón asustado y dolorido.
Dejar que cale dentro como lluvia suave y vaya calmando nuestras angustias.

Hoy el Evangelio nos recordaba que la verdad nos hará libres (Jn 8,31).
En medio del miedo, del desborde, de la tristeza, de la impotencia, del dolor, de la vulnerabilidad, de la oscuridad que ha derrumbado todas nuestras "aparentes" seguridades...haznos descubrir esa libertad, la tuya, la que vence al mundo. La que consuela y fortalece nuestro interior, la que nos hace sentir que estás con nosotros, que habitas nuestra vida, nuestra historia...también ahora.

Haznos libres para servir, para desvivirnos, para VIVIR en verdad, para vencer el miedo que paraliza.
¡No tengamos miedo! Él está con nosotros.




jueves, 26 de diciembre de 2019

Vivir es soñar


Ayer en la Eucaristía de Navidad
escuché este poema que me llegó al corazón.
Contaban que Miguel de Unamuno
caminando por la calle se encontró con un Belén,
y al contemplarlo salieron estas tiernas palabras:


"Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuelveme a la edad aquella
en que vivir es soñar"

Miguel de Unamuno

Estos días contemplando al niño recién nacido, 
y el Misterio de Amor que encierra, me salía esta petición:

¡Haznos entender esa manera de entender la vida:
desde abajo, desde lo pequeño, desde lo que no cuenta!

¡Haznos revolucionarios como tú, capaz de cambiar la Historia 
y nuestras historias con tu Presencia de Amor y Perdón!

¡Haznos descubrir la señal: "un niño envuelto en pañales"!

¡Ayúdanos a vivir agradecidos y alegres porque nuestro corazón 
y nuestras entrañas entiendan  que habitas cada vida y cada historia! 

Cambia nuestra mirada con la revolución del AMOR.




lunes, 7 de octubre de 2019

¡Cambia tu mesa! (Lc 5,27-32)


La historia de Mateo en el Evangelio es una invitación a movernos y cambiar nuestra mesa de despacho fría y calculadora, por la mesa del banquete compartido.

Jesús mira a Mateo con ternura y soñando algo mejor para él.
Lo ve atrapado en su mesa de despacho. ¡Cuántas veces podemos estar como Mateo!: agarrados en un  negocio de compra y venta de imagen, de favores, de medidas, de falta de gratuidad, de miedo a perder, de seguridades falsas que nos atrapan. ¡Cuántas veces podemos estar queriendo controlar la vida enjuiciando, situándonos por encima de los demás, "cobrando" impuestos por nuestras ayudas o manos tendidas...!

¿Te has sentido alguna vez atada/o a tu "mesa de despacho" creyendo que te llenabas los bolsillos, pero con el corazón frío y solo?,
¿Sientes que tu manera de relacionarte te aleja de los demás por miedo a perder, a ser traicionada/o, a o controlar...?.
¿Sientes que tu vida puede parecerse a la de Mateo aparentemente triunfador y poderoso, pero solitario con deseos de otra vida llena de cariño y verdad?
Jesús "lo ve", mira su corazón, su grito sordo, su deseo de vivir de otra manera...
Ve a Mateo "sentado en el despacho de impuestos", y le invita a salir de esas relaciones interesadas, de esa manera de vivir sin gratuidad y generosidad.

Lo ve sentado  y le dice. "¡SIGUEME!".
Lo invita a cambiar de vida, de mirada. Le invita a vivir como Él y con ÉL. Desde la libertad y la verdad, sin medir, sin esperar nada a cambio...
Y Mateo "dejándolo todo, se levantó y le siguió".

Supongo que esta relación entre Jesús y Mateo se fue fraguando en el tiempo, poco a poco conociendo a Jesús Mateo fue descubriendo otra manera de medir, de relacionarse, de sentir lo que éxito o fracaso.
Hasta que un día siente esa mirada de Jesús que le dice en el silencio: "¿dónde vas así?" y siente en su corazón que no merece la pena seguir tras esa mesa de despacho y poder, que merece la pena levantarse y ponerse en camino, arriesgarse, atreverse a ser vulnerable (sin mesa de despacho que lo proteja), a relacionarse de corazón a corazón.

Habían sido muchos años detrás de esa mesa de despacho exprimiendo a la gente, endureciendo el corazón. Muchos años comprando y vendiendo lo que creía le daba la felicidad. Llenaba sus bolsillos pero dejaba vacío, desanimado, triste el corazón. En el fondo anhelaba Vida, verdad, descanso interno, paz, aire, amor...

Jesús lo mira con cariño y con una mirada profunda que le hace sentir que otra manera de vivir es posible. Le da la fuerza para levantarse y dejar la mesa de despacho, la seguridad de lo conocido para lanzarse a la aventura de vivir despojado, sin defensas.
La mirada de Jesús le da fuerzas, derrite las ataduras, va soltando los pies y las manos.
El sentirse amado desde lo más profundo (a pesar de lo que es y desde lo que es)  le hace respirar hondo, llenarse de aire fresco, de color, de vida. Fortalece su corazón y cambia su mirada...

Es el sentirse acogido en toda su verdad lo que le da la fuerza para darle una patada ala mesa de su despacho lleno de: "cuentas pendientes", de "reclamos", de "facturas por cobrar", de listas de "morosos", etc. Y mandarlo todo por los aires al rincón de la generosidad y el perdón gratuito.

¿Hay en mi mesa "lista de morosos", "reclamos", "cuentas pendientes" a las que dedico tiempo y ocupan mi corazón?

Y Mateo siente que el aire se renueva, que las fuerzas vuelven. Que el corazón se vuelve generoso, loco, encendido,...y una extraña alegría honda y serena empieza a brotar.
Mateo siente el ABRAZO de amigo recuperado. Y brota la luz por todas las grietas y esquinas...
¡Está de nuevo en camino!

Y lo curioso de esta breve historia es que la mesa del despacho es sustituida por otra mesa, en su casa y con un gran BANQUETE donde todos están invitados. ¡Todos!.

¿Es tu mesa de banquete o de despacho?


De la separación al encuentro.
Del negocio y la medida, al regalo y el derroche.
Del medir con dureza, al compartir sin límite.
De los papeles y el dinero, al pan y el vino, ¡a la fiesta!.
Del NEGOCIO al ABRAZO.
A la risa, a la acogida, a la vida compartida...

Y ante las murmuraciones, Jesús responde con claridad y contundencia:
"he venido a los que están mal, a los pecadores, a los atados. necesitados, sin vida..."

¡GRACIAS SEÑOR por VENIR!


martes, 18 de junio de 2019

¡Pon en juego todos tus colores!


Tengo muchos lápices de colores, ¡me encantan!
Me gustan tanto, que a veces, me da pena usarlos para no gastarlos...
Sin embargo cada lápiz se realiza dando color a los dibujos.
Imagino que disfrutan "bailando" sobre el papel blanco y haciendo emerger un diseño único aportando todo lo que son: azul intenso, amarillo brillante, rojo apasionado, verde claro y suave, etc...

En la medida en que los voy usando mis lápices se van haciendo más pequeños, van desapareciendo, pero lo hacen con alegría porque significa que los he usado mucho y por tanto han dado mucha vida, han llenado de color muchos espacios en blanco, han colaborado en la creación de muchos diseños...

Esto me hace pensar en la vida.
¡Cuántas veces nos acobardamos y nos guardamos aquello que de nosotros podemos dar!
Nos da miedo perder la vida y la guardamos...

Pero ya nos dice el Evangelio que el que quiere guardar su vida la perderá (Mt 16,25).

Y es verdad, podemos quedarnos con todos nuestras capacidades, dones, con todos nuestros "colores" guardados en su caja sin usar. Pero perdemos la posibilidad de dar color a la vida, regalar nuestro tiempo, nuestra alegría, nuestras capacidad de amar, nuestra inteligencia, nuestra sonrisa...
Y con este afán de no "gastarnos" no nos damos cuenta que es dando la vida como la merecemos. Que te da más alegría dar que recibir. Que al poner al servicio de los demás todas nuestras posibilidades se multiplican, nos hace sentirnos más nosotros mismos y nos llena de alegría verdadera.

Es extraño pero es así.
No tengas miedo a gastar tu vida dando vida.
La vida es corta...
¡Pon en juego todos tus colores!
Intenta en TODO AMAR y  SERVIR y
¡DISFRUTA!

Jesucristo ha dicho: 
“Quien quiera economizar su vida, la perderá; 
y quien la gaste por Mi, la recobrará en el vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, 
entregarla sin reservas. 
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo, 
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos. 
Y sobre todo está la cobardía…
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida. 
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla; 
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, 
aunque no paguen; hacer un favor al que no va a devolver; 
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, 
si hace falta, sin falsas prudencias; 
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; 
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde, la que nos hace evitar el sacrificio,
 y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, 
y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, 
como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño, 
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible, 
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
 no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla; 
pero queremos seguir dándonos,
 porque Tú estás esperando en la noche, 
con mil ojos llenos de lágrimas.
Luis Espinal sj

sábado, 14 de abril de 2018

Al oscurecer


Evangelio de San Juan 6, 16-21:
         "Al oscurecer,...empezaron a atravesar el lago. 
         Era noche cerrada, y todavía 
Jesús no los había ALCANZADO.
         Soplaba un viento fuerte...el lago se iba encrespando..."


¡Cuántas veces sentimos que la vida se nos oscurece, que se hace noche cerrada, que sopla un viento fuerte y el entorno se encrespa, se violenta, se hace incómodo y difícil de navegar!.

¡Cuántas veces sentimos que Jesús todavía no nos ha ALCANZADO, no ha llegado a nosotros, a nuestro corazón, a nuestra realidad, a nuestros miedos, a nuestras oscuridades...!

Y la invitación del Evangelio de hoy, en este tiempo de Pascua es que empecemos a atravesar el lago, que nos pongamos en camino, que demos el primer paso y confiemos...

El relato continúa:
"Habían remado unos cinco o seis kilómetros, 
  cuando vieron a Jesús, que se acercaba... 
se asustaron. Pero Él les dijo: "Soy yo, no temáis". 
 la barca tocó tierra enseguida en el sitio dónde iban".

Cuando nos ponemos en camino Jesús va a buscarnos allí dónde estamos: en nuestra oscuridad o tormenta. Descubrimos su Presencia y su fuerza, que a pesar de nuestro miedo nos dice: ¡SOY YO, NO TEMAS!. Con Él nuestra barca toca tierra enseguida allí dónde vamos. Nos sentiremos con suelo, sostenidos, en TIERRA .

Ya sabes...si oscurece no temas, confía, ponte en camino, da el paso que veas claro y atraviesa la "tormenta". Jesús te alcanzará y te llevará a tierra firme, allí dónde deseas ir.